miércoles, 14 de septiembre de 2011

Charcos.

   



  ¿Quién no ha jugado de pequeño en un charco? ¿Quién no ha saltado sobre el agua? ¿Quién no ha chapoteado como loco en el agua?

        Mi piojillo aún no sabe lo que es saltar en los charcos de la lluvia porque el invierno pasado lo pilló muy chiquitín. Sí que ha corrido bajo la lluvia. Miento. Yo he corrido bajo la lluvia para no mojarme mientras él cotilleaba asombrado desde su burbuja. Buen invento los plásticos para la lluvia. Los niños van aislados del viento, lluvia, frío mientras el resto de los mortales nos calamos hasta los huesos.

     No, hoy no hablo de ese tipo de charcos y de las sensaciones que aún el piojillo ha de vivir. Hablo de otro tipo de charcos. De charcos que puedes tener en casa. Como los charcos de la pis de un cachorrito que aún no ha aprendido en donde ha de orinar.

   Sí, mi niño se lo pasó pipa. Su cara era de disfrute total. Estaba sentado en medio de un charco de pis salpicando con los pies y las manos y pasándole sus deditos mojados al responsable del charquito.

    Evidentemente no pude hacer más que reírme. Imposible no hacerlo. Aunque por dentro no te haga ninguna gracia el tener que meter en remojo al niño y tener que limpiar la meadita. Eso sí, espero que mi piojillo no vea  a Gabito tras hacer caquita !!!! Puaaaaaafffff.......

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